22 de enero de 2013

Mis postulados

No me gustan los contrapesos, ni tampoco las compensaciones. La regla de la compensación apesta, porque implica necesariamente pasar por algo desagradable para luego vivir lo placentero, y entonces me pregunto si realmente vale la pena pasar por un trago de vinagre para luego disfrutar de un dulce, y la verdad creo que no.
Esta bien, acepto que hay dulces ricos, maravillosos, sublimes, dionisiacos, pero como son tan buenos implican un vinagre asquerosamente malo, vomitivo, o incluso a veces insoslayable.
Entonces al final, si pensamos que existen placeres y males tan inabarcables como para si quiera llegar a vivir el opuesto es que mi teoria de (perdón, no he hablado de teoría, pero acá viene) de la arbitrariedad cobra sentido y gusta cada vez a más personas...ya bueno, eso es para darle peso a mi teoría, pero lo cierto es que es compartida por mi y por...bueno, sigamos.
Si aceptamos como válida la teoría de la arbitrariedad, entonces no existe compensación y llegamos al injusto para algunas personas, puesto que determinados sujetos (afortunados) van a vivir solo placeres dignos de reyes y otros menos cercanos de la mano de Batman van a estar mas cerca, día a día, del vinagre.

Entonces, para concluir, sólo me queda postular lo siguiente:
Si la teoría de la arbitrariedad es correcta, el placer va a ser realmente grato y lo ingrato un verdadero infierno, pero en ambos casos estaremos ante una real y verdadera sensación ajena al opuesto, es decir, se vivirá mejor.

PS: aquellos que están pensando en este momento que cuando conoces lo amargo lo dulce se disfruta más, ellos pueden besarme el trasero.

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