No me gustan los contrapesos, ni tampoco las compensaciones. La regla de la compensación apesta, porque implica necesariamente pasar por algo desagradable para luego vivir lo placentero, y entonces me pregunto si realmente vale la pena pasar por un trago de vinagre para luego disfrutar de un dulce, y la verdad creo que no.
Esta bien, acepto que hay dulces ricos, maravillosos, sublimes, dionisiacos, pero como son tan buenos implican un vinagre asquerosamente malo, vomitivo, o incluso a veces insoslayable.
Entonces al final, si pensamos que existen placeres y males tan inabarcables como para si quiera llegar a vivir el opuesto es que mi teoria de (perdón, no he hablado de teoría, pero acá viene) de la arbitrariedad cobra sentido y gusta cada vez a más personas...ya bueno, eso es para darle peso a mi teoría, pero lo cierto es que es compartida por mi y por...bueno, sigamos.
Si aceptamos como válida la teoría de la arbitrariedad, entonces no existe compensación y llegamos al injusto para algunas personas, puesto que determinados sujetos (afortunados) van a vivir solo placeres dignos de reyes y otros menos cercanos de la mano de Batman van a estar mas cerca, día a día, del vinagre.
Entonces, para concluir, sólo me queda postular lo siguiente:
Si la teoría de la arbitrariedad es correcta, el placer va a ser realmente grato y lo ingrato un verdadero infierno, pero en ambos casos estaremos ante una real y verdadera sensación ajena al opuesto, es decir, se vivirá mejor.
PS: aquellos que están pensando en este momento que cuando conoces lo amargo lo dulce se disfruta más, ellos pueden besarme el trasero.
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