Esta es una idea muy ambiciosa y pretenciosa, pero si llega a resultar será un primer gran paso para lo que se viene.
Antes de partir, por favor presiona AQUI, espera que comience y luego sólo lee...
1. Aún no llega.
Cada día al despertar, él se levanta y estira su brazo para lograrla alcanzar, luego se da cuenta que aún no llega.
Se ducha y toma desayuno, dejando siempre libre ese lugar, pero desgraciadamente aún no llega.
Va a buscar sus cosas y listo para salir se da una vuelta y mira al vacío, recuerda que aún falta poner sobre su camisa ese eterno olor que un día adoptó como suyo en una navidad ya lejana. Para su desgracia, ella aún no llega y ese olor sólo lo disfruta él y su camisa.
Rumbo al trabajo toma el auto y camina, luego, entre la gente, siempre dejando ese espacio para cuidarla, para que no la pasen a llevar. En el auto estira su mano para aferrarse a su pierna y sentirse seguro, sentirse parte de ella. Desgraciadamente ella aún no llega.
Transcurre todo el día y finalmente llega a casa. Toma un poco de té y galletas, mirando las eternas e iguales noticias de cada día. Se saca cuidadosamente pantalones, zapatos, camisa y corbata.
Finalmente, después de todo el día, él esta listo para dormir.
Se tiende sobre su cama de una plaza, pero siempre se recuesta sobre una esquina, casi por costumbre se aprieta contra la pared, y deja aquel espacio para ella.
Desgraciadamente, él todavía no se da cuenta que ella aún no llega, así que cada noche él sólo lee...
2. Nudo ciego.
El barco llevaba dos anclas cuando zarpó del puerto de Caleta Tortel. El viaje tomaría años, pero estaba preparado para afrontar todo lo que se aventurara, había suficiente comida, ropa, gasolina, música, libros, muchas y muchas hojas y aún más lápices para escribir y escribir. Por sobre todo, llevaba dos anclas para poder descansar cuando lo necesitara.
Cada noche él tiraba ambas anclas, para dormir. Bajaba a su camarote, y aunque se moviera brusco con la tormenta de turno nada importaba, él sabía que allí estaban las dos anclas.
Un día, de improvisto, una tormenta que no divisó en el radar, una que fue totalmente inesperada para el buen tiempo que había habido aquel día, lo llevó a perder un ancla.
Conforme pasaron los meses, él aprendió a vivir sin esa ancla, puesto que después de todo él tenía aún la otra.
Al final, aprendió que una siempre había sido suficiente, aunque no siempre lo suficiente es lo que necesitamos.
El viaje continuó su rumbo a pie firme, según había sido trazado. Los días eran perfectos, no había mucho sol y la temperatura era ideal. Sentado en su silla en la proa miraba cada mañana cómo el día llegaba a despertar cada rincón del barco. Cada noche, se sentaba a conversar consigo mismo.
Un día, al tirar el ancla, sabía que quizás podía no volver a tenerla de regreso sobre la cubierta...
Se sentó sobre estribor y dijo..."tengo miedo de perderte"...y cada noche al recogerla, esperando no perderla sin poder despedirse, se sienta y pasa la mayor parte del tiempo que le dan los días junto a ella, y sólo lee...
3. Escape
Puedes alejarte de todo aquello que te angustia, puedes correr del fuego, puedes saltar del hoyo y no caer, puedes gritar para ser escuchado o callar para ser oído, puedes hacer muchas cosas, tantas como palabras se me ocurran.
En fin, puedes escaparte de todo, de casi todo.
No puedes escapar de tu propia cabeza, así que agarra un libro y sólo lee...
Al final de cuentas, son sólo líneas de desahogo, rabia, miedo, pena y aleteo de condor que aprende a volar, así que ahora siéntate y sólo escucha...
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