Les confieso que mi cabeza esta matándome, y cada vez que me recuerda por golpes cuán martillos certeros, que esta allí, caigo en la realidad que si no la cuido y le tengo respeto es capaz de hacerme sentir realmente mal.
No obstante esta repentina incapacidad de hablar coherencias, disfrutar el almuerzo (porque perdí todas las ganas de comer y hasta mis papilas gustativas se tomaron el día libre) y de decir algo con sentido, creo que de todas formas pienso algo, esta vez extraordinariamente a las 15: 14 de la tarde, cuando realmente debería estar trabajando.
Lo que pienso es algo obvio, ya adelantado en el título, se llama evolución constante. El día partió bien, o más específicamente, normal; esto es, buena música, el metro lleno, calor. Lo cierto es que la relación de mi día con lo que quiero decir, aparentemente no tiene mucha relación, y lo cierto es que no la tiene, solo se me ocurrió escribirlo y me sirve como excusa para hacer el link al punto.
El día se movió normal, hasta que comencé a equivocarme y cometer errores, ya sea en lo que leía y escribia y en lo que salía de mi boca.
Entonces, cuando ya he estropeado en parte algunas cosas que me importan, recordé que todos los errores se tratan de un constante aprendizaje hacia la anhelada perfección. El punto relevante de todo esto es cómo puedes llegar a evolucionar cuando no tienes siempre el feedback de tus errores, cuando saber que te equivocas, pero nadie te enseña a resolverlo, cuando sabes que hiciste algo pero no sabes qué, o cuando hiciste algo que no crees haya sido realmente algo tan malo o ni siquiera malo.
La verdad, lo único que me queda decir(te) es que cada día es un constante aprendizaje y lamento equivocarme en aquellas cosas que hacen alejar(te) de todo aquello que disfruto y me gusta compartir (contigo).
(Espero aún este en pie verte el fin de semana)
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