Qué te falta para volver a correr, dónde se encuentra aquella emoción que te hacía saltar al ver llegar una luz.
Se quedó atrapado tu movimiento en un sueño sin sonido, en un grito sin ondas.
Saltas y buscas en el aire aquello que perdiste hace semanas.
De pronto, el movimiento te hace libre y corres sin rumbo, con el solo acompañamiento de sentir que sientes y escuchas, confiando en que cada movimiento esta resguardado por el cuidado de alguien más.
Son horas de libertad, de volver a saltar, correr, de vivir.
Finalmente, volviste a casa y al verme llegar me recuerdas que estás ahí y sigues vivo.
Al verte llegar me recuerdas que hoy somos sólo dos.