19 de marzo de 2014

Pensando Tonteras

-Tengo mi orgullo- ha sido una de las frases que he escuchado más de una vez a lo largo de mis 27 años de vida, y recién hoy me pregunto qué han querido decir todas las personas que tuvieron el coraje de pronunciarla. Porque sí, hay que tener coraje para tener orgullo.
Antes pensaba que tener orgullo era sinónimo de cuanto cada uno de nosotros se quería y entonces a más orgullo más cariño propio, pero no me convencía de todo la idea, y aún no lo hace.
Hoy aprendí que tener orgullo es dejar de hacer algo que queremos hacer, y mucho, por un bien mayor que muchas veces se ve borroso y hasta creo nos hace pensar que eso que deseamos hacer es lo que verdaderamente nos haría querernos más, pero no.
Hoy aprendí que tener orgullo es el precio que nos ponemos ante el resto. Cuánto valgo para que otro esté dispuesto a comprar mi orgullo, comprar eso que antes pensaba era amor propio.
O bueno, quizás lo sigue siendo, pero decirlo de esa forma me hace sentir que es todavía una mesa con "una pata coja"
Incluso más, ahora que lo escribo, ese "tener orgullo" no es lo que otros pagan por nosotros, sino lo que nosotros mismos estamos dispuestos a perder de esa parte nuestra que nos hace sentir en cierto sentido especiales...

Al final, y si tienes realmente orgullo, piensas dos y hasta siete veces siete perderlo; si tienes orgullo del bueno, sabes lo que vales y entonces realmente no tienes precio.

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