Ese día, era el primero de mayo de 1986, y después de 4 años de estudio, debía pasar toda la noche estudiando para aprobar aquel ramo que prometía una gran cacería humana, antropología.
Aquel día, luego de la escuela, mi padre no llegó, tal vez por olvido o quizás algún inconveniente de último minuto. La razón hoy no importa mucho, ese día me fui sólo a casa.
Esto si que no lo recuerdo, y no sé si alguien lo hace, pero si tengo presente cuando te vi sobre la cama de los abuelos moviéndote solo entre esas frazadas, de un lado a otro, buscando un par de manos que te recibieran después de esos eternos kilómetros que habían entre esquina y esquina.
Esa noche, no recuerdo exactamente como fue, pero estábamos abrazados afirmándonos del miedo el uno con el otro, como si esa persona fuera un pilar firme a la tierra, inmutable al destino y a cualquier sensación que pudiere llegar en cada segundo. No importó la luz ni el lugar, tampoco la ropa que llevábamos puesta, no importo el frío; solo importó que estabas ahí conmigo. Ese día nuestras sombras se perdieron en la oscuridad hasta el amanecer.
Mi abuelo cuenta que los días de verano, cuando el sol despertaba antes, eran distintos a los de hoy. Cuenta que preparaban viandas de fideos y salsa, se vestían con la mejor ropa y partían a la laguna, para luego visitar el estadio y a su equipo favorito, el oro y cielo, como dice le llaman. Años después mi padre me contaba la misma historia, con los mismos fideos, su madre, su hermano y primos. Años después, un día que no recuerdo -pero que no olvidaré- yo también estuve allí, con la misma comida, la misma gente.
Creo olvidar más cosas de las que me gustaría recordar, más personas y lugares, más encuentros y risas, más noches mirando el cielo junto a mi perro, la chimenea encendida y mi padre en casa preparando algo para comer, pero de todas las que no olvido sí recuerdo que cuando supe de ellas, de su existencia, quería vivirlas, así como tú esperas vivir muchas de las que te cuentan y piensas...cuándo me pasará a mi. Lo cierto es que no sé ni tú cuando eso vaya a pasar, pero tal como hoy ocurrió para esos compatriotas celestes, para todo, tardo o temprano hay una primera vez.
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