8 de noviembre de 2013

Tomás Salvador

Mis pensamientos se han vueltos repetitivos, cansados de la misma historia, cansados de ellos mismos y de la terquedad de no saber olvidar.
Ellos se han vuelto temerosos de volar como antes lo hacían, volar sin pista de aterrizaje, volar sin temer a que en algún momento la gasolina ya no de más, volar sin miedo a caer.
Hace un tiempo mis recuerdos atraparon mi cuerpo y mi cabeza, atraparon en sus miedos mis sueños y esas ganas de decirlo todo sin temor a la vergüenza, sin temor a sentirme tonto cuando me leyeras, sin temor a que me criticaras.
Hoy te culpo de mi sequía, te culpo por tus pensamientos que hice míos, te culpo por no hacer nada y lograrlo todo, te culpo para no culparme.
Ellas quieren separarse de esa parte que me hace ser completo en el sentido de plenitud, con todo lo que trae lo lleno, la mañana y la noche, el frío y calor, lo blanco y lo negro. Sin críticas ni cuestionamientos juntos hacen lo lleno. Hoy no lo estoy, pues perdí en ti la otra parte de mi, esa que aquí llamo y deseo.
Así que la busco en mi borrosa memoria, esa que me hace a veces pensar en ti y otras desencadenarme, busco aquella que ríe y llora con vida propia, que juega como niño y simplemente vive sin miedo a tropezar.
Froto mi frente buscando y la vuelvo a frotar, para que quizás caiga como sudor por la noche y me despierte nuevamente vivo.
Sin miedo intento escribir que me siento vacío, que aún lloro por lo que no he superado, que soy de pocas palabras y hablo mucho, que necesito decir que te quiero y que me canso de querer, que soy intenso y maniático, que mi cuerpo es caliente y quema cuando me acerco a la gente, que extraño tan pronto dejo de tenerte. Que no quiero sentir miedo de decir que tengo miedo, alegría y pena mezclada en cada día que me muevo un paso más hacia un lugar que aún no veo, pero allí está.
En ese punto donde lo que me gustaba quise perder y lo que te gustaba terminó por cargarte, busco volver para tomar lo que quise perder y abrazarlo conmigo fuerte, darme la mano y andar sin parar, como siempre fue.

Ser es esa piel que se cae, pero que no olvidas; ser es querer lo que otros detestan; ser es abrazarse y sentirse feliz de estar allí para uno mismo; a veces también ser es ser egoísta y quererse un poco más de lo que el resto puede darte, pues el resto no debe darte nada más que ese espacio para que te quieras a ti mismo; ser es volver a tomar el camino de regreso y recoger eso que dejaste porque pensaste que serías mejor sin ello.

Supongo que el camino mejora contigo a mi lado escribiendo lo que sentimos, lo que no sabemos qué es, y supongo mejora cada día más dejando que las murallas del cuarto se llenen de palabras flotando y pierdan fuerza para revivir en mis sábanas, en mi cuerpo, en mi espacio.

Ya no escucho la música, ya no escucho lo que no hay, ya no escucho más nada que mi camino de regreso a ese lugar donde volveremos a encontrarnos.


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