22 de septiembre de 2012

Hoy como ayer.

Algunas veces solo quiero tipear sin pensar mucho más que solo un par de tildes, unas cuantas comas; quizás también una que otra idea coherente para no aburrirte, pero por sobre todo, no pensar, sólo escribir.

No sé por qué escribir y no simplemente hablarte; seguramente se hace más fácil, es como hacer un monólogo sin el miedo a la interpelación o tal vez sólo decirlo sin esperar una respuesta.

La coherencia no tiene mucho sentido, mas sí las ganas de hablarte, de gastar otra vez más ese tan golpeado te extraño que los días dicen cada vez que pienso en qué estarás haciendo y, algunas veces, hasta con quién.

Esto es algo así como una carta sin orden, letra muerta, pataleo de ciego y todos esos dichos que sabiamente dicen lo que ya todos saben, pero que cada uno busca decir a su manera (My way, diría Franky Sinatra).

Sin más coherencia que al comienzo de este escrito, lo único que tengo un poquito más claro es que esta es mi forma de gastar mis ganas diarias de ti y saber que en algún momento, cuando te acuerdes, leas esto y sepas que hoy, al igual que ayer, me acorde de ti.

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