Creí que era demasiado tarde para decir algo, pero nunca dejas de aprender que el tiempo no sirve y no vale cuando realmente necesitas decir algo.
Cuando eres engreído y arrogante como yo, cuando no tienes "pelos en la lengua" y eres capaz de decir lo que se te antoja, cuando no piensas en las consecuencias de tus palabras, cuando crees que vas a conquistar el mundo, cuando piensas que todo ya anda mejor, cuando puedes volver a pensar en partir una vez más, cuando piensas en los muchos "cuandos"y cómo ordenarlos en el desorden.
Cuando pasa todo aquello y un poco de esto y una pisca de lo otro...en toda esa suma de restos empiezas a medir cada palabra que has dicho, repasas en la almohada cada consejo que diste sin aplicarlo a tu propia linea de acciones y te das cuenta en un inflexible punto de la noche, al abrir los ojos al máximo, que lentamente has creado un monstruo.
Aquél independiente sujeto poco a poco comienza a aplicar lo que sin pensar dijiste...y te das cuenta que debes pensar un poco más las cosas, pues tarde o temprano tus propias palabras irán en contra tuya y harán lo que dijiste debían hacer, pero esta vez contra ti.
Es en ese momento, cuando aquello que decias debía aplicarse, pero esperabas nunca ocurriera, sucede; entonces podrás advertir que el aprendiz superó al maestro y este está listo para recibir un golpe bajo, una y otra vez hasta finalmente retirarse.
Una y otra vez...