El día comienza con un planificado reloj que nos levanta a las 6:30 en punto,
tomamos un agendado café a las 6:55,
Salimos a tomar el bus puntualmente, esperando pase a las 7:10.
Te sentaste en el clásico asiento 13, luego de tomar la típica almohada y la frazada.
Cerraste las cortinas, como de costumbre, para que la luz no te despertara en el viaje.
Tapaste cuidadosamente tu cuerpo, dejando libres los brazos.
Pusiste, como siempre lo haces, cada auricular en su oreja y apretaste play.
Cerraste los ojos...
Al llegar, ordenaste todo, como siempre.
Estiraste los brazos y respiraste profundo.
Te bajaste del bus y comenzaste a caminar.
Como siempre, todo sigue igual, todo planificado.
Paraste en una esquina para un café, el de costumbre,
y alguien te dijo, escoge Late.
De pronto, miraste al lado y ahí estaba ella,
tu última buena casualidad.