En la simpleza de los días he aprendido a disfrutar lo tierno y cálido de un buen café, una mañana con leves rayos de sol o una fría tarde de junio que comienza a traer las primeras gotas de lluvia, esas que me recuerdan que el cielo cada cierto tiempo también llora.
Y el ciclo es el mismo cada vez, pero por qué; lo cierto es que bajo el mismo sol no hay nuevas sensaciones, y por eso cada cierto tiempo los árboles se desprenden de su ropa, el sol se apaga y las nubes limpian todo lo que la luz deja ver.
El agua escurre por todas partes, llevándose todo a su paso, la materia y recuerdos flotan hasta perderse.
Finalmente, cuando la tarea esta cumplida y la lluvia se ha llevado todo recuerdo, y el frío ha congelado los malos pensamientos, el sol vuelve a encender todo para dar paso a un nuevo ciclo.