19 de mayo de 2012

Mirándome al espejo.

Me levanto generalmente tarde, duermo mucho y sueño poco. Me gusta comer cereales y tomar café mientras pienso en todo lo que debo hacer; todo lo que al final del día sigue estando igual, en ese estado de "deber ser hecho".
Mi mente piensa las 24 horas del día, aún cuando duermo, generalmente cuando estoy nervioso me tirita el ojo y hablo demasiado.
Tengo una cara que me delata, pero también dice cosas que no siempre son correctas. Me gusta estar callado y escuchar, pero también me gusta hablar y contar lo que creo a otros les puede importar.
Por la noche suelo dar muchas vueltas antes de sentarme al escritorio a hacer lo mismo que he estado haciendo todo el día, escribir.
Cuando echo de menos me alejo, y cuando ya no me importa me acerco, porque ya no puede afectarme.
Soy debil y muy fuerte a la vez, soy pretensioso y despreocupado.
Tengo todo lo que me gustaría y me falta todo aquello que no tengo, aquello que aún no conozco pero busco constantemente.
Mi cabeza corre más rápido que yo, no para, y mi lengua es la única que pueda seguirla.
Por mi cabeza pasa música a cada momento, cada instante tiene una banda sonora, y cada silencio es una nota que siempre, siempre, me recuerda a alguna canción.

Soy una contradicción constante, pienso y cambio de parecer al mismo momento de pensarlo.
Entre esos antagónicos es que me presento,
Soy Pablo.