17 de abril de 2012

Conversar

En la superficialidad de una conversación nos quedamos callados, nadie supo que decir.
Te frotaste las manos e inhalaste tu cigarro con la vista fija en ti. 
Te miraba e inhalaba el mío. 

Un par de horas así pasaron en ese silencio cotidiano y superficial. 

Esta helado te dije. 
Sí, me respondiste, para luego seguir tu en lo tuyo y yo en lo mío. 

Un par de miradas profundas intentaron llegar, pero tu y yo ya estábamos muy lejos. 

Se hace tarde, debo irme. 
Yo también, respondí.