Te frotaste las manos e inhalaste tu cigarro con la vista fija en ti.
Te miraba e inhalaba el mío.
Un par de horas así pasaron en ese silencio cotidiano y superficial.
Esta helado te dije.
Sí, me respondiste, para luego seguir tu en lo tuyo y yo en lo mío.
Un par de miradas profundas intentaron llegar, pero tu y yo ya estábamos muy lejos.
Se hace tarde, debo irme.
Yo también, respondí.