Le escribía desde la rabía, tirado en el sillón rendido a la frustración, al helado y chocolate. Sin embargo, pensaba lo bien que se sentía no tener la respuesta en sus manos, ese peso de la responsabilidad y el deber de resolver lo que esta al alcance de la moral. Así se mantuvo por semanas, o tal vez fueron días que se sintieron como semanas. Sí, seguramente fueron días. La cuenta por favor...
Se levantó y se fue.
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