El despertador suena cada día a las 6:13 am, no a las 6:15 o 6:10. Siempre al despertar pensaba en tocar el piso con el pie derecho, es para la buena suerte. Antes de meterse a la ducha, llenaba el hervidor con agua, solo un litro, no más, no menos. Lo prendía y marcaban los 10 minutos que debía durar su baño de cada día. Mientras se secaba pensaba en qué noticia habría hoy de importante, quizás un nuevo atentado culpando a los ingleses, o tal vez la caída de la bolsa, una vez más. Ya han habido 3 este año, y nadie duda que así será. El capitalismo hace años dejó de ser lo que era.
Se vestía cuidadosamente, procurando mantener estirada la camisa, la línea del pantalón. Luego, los zapatos, y como siempre, perfectos en brillo intentando opacar el sol de ese verano.
Sonaba su alarma, la segunda de la mañana, a las 7:10, exactamente 20 minutos antes de lo que debía dejar su casa. Lavar sus dientes, terminar el café antes de ello, y emprender el camino rumbo al trabajo que lo acompañó por los últimos 35 años de su vida.
Nada ha cambiado los últimos años...rutina era la mejor palabra que lo describía, sin embargo, para él era solo su vida, ni más ni menos.
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