Dejé que se fueran mis ganas de escribir y ahora sólo vuelven a ratos para recordarme que alguna vez lo hice, y que las palabras fluían de las ideas a las manos y de las manos a mis labios, para volver secas, dejándome sin habla, al papel.
Y entonces la necesidad me hizo buscarlas nuevamente, reviviendo todos los lugares donde compartí con ellas, aquel lugar donde al rozar mis labios se humedecían para volver a las manos y decirme que juntos éramos capaces de crear un mundo tan gigante cuyo límite era sólo el deseo, ese que va más allá.
Al caer la noche, luego de caminar por todos los lugares que frecuentábamos, quedan unos vagos recuerdos de buenas ideas, la saliva cada día más seca sin palabras que preparar para disparar contra un mundo que es mío y a ratos es sólo de alguien más.
Al acostarme e intentar cerrar los ojos ya no tengo palabras para escribir, no tengo tampoco a quien mirar en esa imaginación donde siempre habían dos y tu eras protagonista.
Con las palabras se fue el color, dejándome el blanco para recordar que sin ellas, sin la boca húmeda, sin los colores, sin las palabras, este espacio esta vacío.
Aún cuando puedas resaltarlo y ver los rastros que quedan de esas ganas de escribir, cuando te vayas ellas se irán contigo.
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