Muchas veces tengo ganas de escribir algo, como ahora, pero sólo tengo las ganas, porque la verdad hay cero contenido en todo lo que ahora diré.
Todo lo que escribí antes (las cinco primeras líneas) fueron escritas hace unas 4 horas, así que ahora espero tener algo mejor que decir, y creo sentir que así será.
Durante la tarde invertí un lindo tiempo en tomar mi café del día y el tóxico cigarro que siempre lo acompaña, y fue todo un ritual el hacerlo, desde tomarme unos segundos en mirar el fósforo prendido hasta sentir en algún momento que ya no quería fumar ese cigarro. Todo ese hermoso tiempo invertido fue genial, tranquilo y concentrado en eso que absolutamente no requería más concentración que sólo hacerlo y ya.
Siento que mis ideas ya son repetidas, nada nuevo bajo mi sol como alguna vez alguien me escribió en una respuesta a algo que escribí, lo cual es francamente aterrador, esa sensación de no tener nada que decir.
¿Será que siempre hay algo que decir?, y seguro que la respuesta es no. Es más, a veces el silencio dice mucho más que muchas palabras; sí, si sé, es una frase muy trillada, pero no por eso ha perdido su valor.
Ya, y entonces en honor al título, va por eso, por cerrar la boca y escuchar.
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