21 de julio de 2013

Mirando por dentro, atrás, arriba, abajo.

De alguna manera, escribir es liberarse,
es despojar tu mente un rato de una carga con la que aprendes a vivir día a día,
es intentar darle un descanso a tu cuerpo de lo que te hace mover,
de lo que te hace ser.

Cuando estamos frente a a ese espejo interno, frente a ese lugar que no nos permite esconder nada, lo único que nos queda es desnudarnos ante nuestros problemas, ante nuestras inseguridades, ante todo lo que nadie más que tú ves.

No pretendo en ningún sentido posible, hoy, que me entiendas, ni menos aún que simplemente respondas, básicamente porque ya no estás; pretender sería pretensioso y por sobre todo, iluso.

Me gusta mirarme por dentro, dejando de ver el exterior, no necesariamente con los ojos cerrados, y sólo buscar en cada rincón de mi algún camino que me permita seguir cada cosa que escribo, y muevo los ojos quietos, escudriñando cada lugar de mí, intentando encontrar algo inspirador o sólo el camino a un algo que no siempre veo.

Mi proceso de escribir es sólo tener las ganas de hacerlo, a veces con una idea central, otras con sólo las ganas, y otras buscando salte ese algo que me haga sentir que publicarlo algo valió la pena, tanto para mí como para ti -al no hacerte perder el tiempo en leer algo que no trascienda al menos 2 segundos. 

Ella me hizo feliz el tiempo que me soportó. 

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