30 de noviembre de 2012

San Pablo

Cuando comienzo a escribir una nueva idea pareciera que aparecen sobre este espacio todas las cosas anteriormente escritas, como fantasmas, que ya tienen vida propia y habitan este lugar, tal cual fuera su casa.
En este afán de lograr encontrar el origen de ciertas cosas hoy me topé con un origen un poco impensado.
No sé por qué me gusta escribir, y no siempre tengo ideas que valgan la pena, pero sin embargo lo hago y eso debe tener un motivo, algo que trasciende lo que pueda decidir. Esa trascendencia debe venir del pasado, de algo que me originó o de procesos que me han inspirado o formado. Estoy lejos de saber qué es realmente, pero creo tener una aproximación estúpida a la respuesta.
Hoy miraba un documental sobre la querida y vieja Roma, la que todos sabemos por historia a grandes rasgos y nadie puede decir en específico qué nos dejó sin pasar algo por alto. Durante la era romana hubo un sujeto que se convirtió a la religión católica, un sujeto al que le gustaba escribir mucho y al que se le atribuye la prostitución del cristianismo durante el imperio; prostitución que llevó a que finalmente un emperador adoptara dicha religión antes de morir buscando salvar su alma.
Ese tipo, que antes perseguía a los cristianos terminó por hacer todo lo contrario y multiplicarlos como virus en el cuerpo, Pablo.
Evidentemente lo único que tengo de "San Pablo" es el nombre y esas ganas inexplicables de querer escribir, ya que aún no persigo a los cristianos, ni escribo cartas a los fariseos ni ando evangelizando...y bueno, algo de virus tengo.

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