13 de julio de 2012

Va y viene.

Va y viene...viene y va
Leyendo un poco de esto y un tanto de aquello he pensado hace días dos cuestiones.

Actualmente se discute en el Senado el proyecto de ley de reajuste del salario mínimo, y entonces comencé a bucear al respecto y llegue a los Parisi. Hace un rato ya que no escuchaba sus teorías económicas, pero por sobre todo lo osados que son a la hora de dar una opinión siempre polémica. Al respecto ellos proponen un polinomio para calcular anualmente el sueldo mínimo en base a las variaciones económicas y un resto de cosas más que no sé explicar, pero sí vomitar. Actualmente este sueldo mínimo debería estar en 246.700 según su polinomio, algo muy cercano a lo que pide la sociedad y uno que otro político populista que hace un par de años en el congreso aleteaba por 217.000 y hoy se caga por 193.000 (Longueira, aunque este poncho le cabe a muchos políticos de ambos lados).
De todas formas, me pregunto si todos los bonos dados históricamente por los gobiernos de turno equiparan algo esta desbalanceada balanza.

El Profesor Rosa, aquél que comenzó enseñándome que los animales son más sabios que el hombre, y que todo lo "inventado" por él fue antes pensado por la naturaleza; y aquél que luego me enseñó tremendos garabatos y a mear a un hombre disfrazado de pájaro me hizo pensar en algo (agradezco que fue en lo primero y no en lo segundo).
Feedback o retroalimentación, así de simple y perfecto a la vez. En todo hay feedback, desde el cuerpo humano a los ingeniosos inventos eléctricos de Edison y uno que otro loco por ahí suelto. Pero la verdad pensé en el feedback no como lo antes mencionado, que fue para ser honesto el punto más lejano de mi desvelo.
Pensé en el feedback como retroalimentación, aquello que logra mejorar una idea al ser oída o empeorada al ser modificada.
Sea como sea, para mi ese feedback es vital.

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