Las posibilidades y probabilidades de perderse cada día en una idea, una calle, un mal entendido, son millones, tantas cuanto nuestra imaginación puede ayudarnos a inventar, pero si esto fuera cien por ciento efectivo, entonces estaríamos condenados a perdernos cada día sin poder nunca retornar a nuestro lugar de origen o simplemente poder llegar al lugar que en un comienzo pretendíamos.
Para no perdernos nos fijamos en señales, aquellas que nos ayudan a no estar a la deriva y de alguna forma llegar más o menos bien a eso que pretendemos.
Las señales, símbolos o signos son infinitos, tantos como posibilidades de pérdida existen.
Yo tengo mi símbolo, mi cable a tierra para no perderme, algo así como Octantis o el interruptor de luz para poder ver en mi pieza oscura, o la alarma de mi despertador para no extraviarme en el mundo de los sueños.
Sea como sea, cuál es el tuyo, cuál es tu tótem.
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