Intentaré pasar mis manos por tu rostro, muy suave y lento, con el solo peso de la complicidad; de aquella que funde mi intención de recorrerte con los ojos cerrados, de memoria, y con ello lograr sacar ese sonido que puede presentarse cuando mis manos están en la posición correcta, el momento indicado, con tu rostro templado listo para resonar al sentirme.
Inhalaré profundo y en silencio para no incomodar tu pasividad y procuraré exhalar todo mi peso a través de los dedos.
Dibujaré los pliegues que se transforman en mi mapa para saber cómo transitar por tus recuerdos, historias y miedos escondidos en tu piel.
Inhalaré para luego, sin pensarlo con los ojos cerrados, seguir intentado tocar tu piano.
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