El se levanta cada mañana a las 6:30, porque ya a esa hora esta retrasado. Va a la cocina y calienta agua en su tetera de siempre para tomar el mismo café que lo acompaña desde que tiene memoria. Calienta el pan en el mismo tostador, mientras saca algo, de lo que encuentre, para ponerle.
Luego se ducha, tan rápido como puede, mientras escucha por radio las primeras noticias del día.
Se viste con su mejor traje y corbata, ambas de un perfecto café oscuro, se para frente al espejo y aprieta el limón que hará perfecto su peinado. Luego de haber estirado la cama y abrir las cortinas apaga la radio.
Son las 7:28, y esta listo para partir el día, se sienta y prende el televisor...ya esta desocupado.
El se levanta a las 11:40, cuando escucha el despertador, si es que lo hace, no se ducha. Va a la cocina y come cual ave rapiña lo que encuentre de los restos del día anterior. Prende la televisión mientras piensa nada tiene que hacer, pero lo hace sin apuro, sin prisa.
Finalmente, luego de comer y mirar televisión vuelve a acostarse, son las 13:39 de la tarde y su día ha acabado.
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