Tengo en mis ojos la imagen grabada de aquel túnel negro que veo cubrirme cada mañana.
Es un espacio negro que al final destella luces, pero al fin y al cabo es un túnel negro.
El riesgo de atravesarlo es alto, puede que no llegues nunca a esa luz y te desvies de camino hacia túneles más pequeños que no dejan ver la luz tan fácilmente; a pesar de eso y todo, lo intento una vez más.
Es un túnel corto que me cobija, que me resguarda y abriga, pero qué más da, sigue siendo un túnel.
Finalmente, cada mañana logro ver la luz y pienso...valió la pena meter mi cabeza dentro del chaleco...ahora estoy más abrigado.