Simplemente siento que ya no quedan lágrimas.
Esta es una sensación de total y completo vacío y silencio, de ese que no aparece cuando recién estas conociendo a la otra persona, y si te das cuenta al comienzo siempre hay mucho que contar, mucho que decir, tantas cosas para reír y unas tantas más para pelear. Así entonces pasan los primeros meses, hasta que , entonces, llega el silencio, pero no ese silencio de vacío y ausencia, sino aquel silencio que hace compañía donde basta mirarse para saber qué, cuándo, dónde y cómo.
Es lo mismo que se siente cuando prendes fox y ves venir una nube hacia ti, luego una pequeña ciudad aislada del mundo pero centro neurálgico de todo, y basta mirar 4 segundos para, sin haber hablado nada, saber todo lo que sucederá. Esto es reflejo de años de compañía, de interminables risas, de incoherentes frases pero astutas a la vez, tan astutas como para envidiarlas y pensar " por qué no se me ocurrió a mi".
Años de alegrías y compañía se reducen a 20 minutos de felicidad, pero al igual que una relación, felicidad repetida, caída en la rutina y sincronizada con el vaivén de un péndulo y entonces te preguntas cuándo veré algo nuevo...
Tal como ocurre en la vida, cuando pides algo entonces ocurre y llega el día domingo y ves lo nuevo, lo esperas con ansias, esperando que sea mejor de lo que ya has vivido, al igual que en una relación, y pasan los minutos y no logras reír como antes...
Al final de todo sólo piensas...me quedo con mi rutina, lo que ya conozco y lo que me hace reír y vuelves a esperar pacientemente al lunes para que nuevamente veas lo que ya sabes y la risa inunde por inercia tu boca.
Lo que tu y yo sabemos es que tarde o temprano simplemente, al igual que en una relación, esa cadencia constate y repetitiva terminará por querer apagar la televisión o simplemente...cambiar de canal.
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