11 de noviembre de 2009

Un submundo: carteras, vestidos y frambuesas.

Hace mucho que no escribo, pero espero no haber perdido el don de la incoherencia, mas si haber mejorado en algo mi pésima ortografía.
Hoy, para partir, quiero hablarles de algo que viví hace unas horas...fui a mirar ropa, pero no cualquier ropa, esta era ropa de mujer; si, tal como acaban de leerlo, ropa de mujer, y no saben lo interesante y divertido que se puede convertir para un hombre darse cuenta que no sabemos nada de las mujeres...
Acompañe a una querida amiga a ver un vestido de gala (primer término desconocido) para una importante fiesta suya, y ahí comenzamos...en el templo viñamarino de las mujeres: Galería paseo del Mar.
Todo adentro, en general, es muy rosado, tendiendo a los brillos y lentejuelas (busque esta palabra para que pareciera que entendí mucho más de lo que realmente vi hoy), y como buena mujer que es mi amiga me dijo...quiero probarme un vestido, que se tradujo en 3.
La espera de esta "probada de ropa" es lo que me motivo a escribirles, puesto que vi tanta cosa extraña que pensé...esto hay que registrarlo, debo registrar este submundo. En lo primero que me fije fue en la cantidad de vestidos (todos iguales para mi) que habían en un lugar tan chico, tan chico que era imposible sacar siquiera uno de la fila de ropa, pero claro, este inconveniente parecía una simple rutina de espacio para mi amiga, que se paseaba como pez en el agua entre estos colgadores como si existiera todo el espacio del mundo. Debo decir como dato aparte, que creo estar 100% seguro que el closet de ella estaba en la misma condición que aquella pequeña tienda de ropa, es decir, llenisisisisima de ropa que nunca usaran, pero que por algún motivo extraño, nunca botarán.
Habiendo mirado todos esos hermosos vestidos, me fije en algo que prestó mi atención por largos 3 minutos...una cartera. Que maravilla de cartera tenía frente a mi: era un arminículo de no más de 15 cms de largo por 10 de alto, en inmediatamente me hice la gran pregunta: qué llevan en este espacio tan chico, y en seguida me respondí: celular, maquillaje, una toalla para sus emergencias de ser mujer, pañuelos (siempre son necesarios) llaves de la casa, la chequera del esposo (que supongo algunas veces se las guardan), y listo, eso sería todo. Pero el problema siguiente al cual me enfrenté era que todo lo "necesario" que debía entrar en este instrumento no cabía. Siguiente conclusión: las cosas vitales para mí, si yo fuera mujer, no entraban en ese lugar, luego, no pienso como una mujer, por lo tanto, no entiendo para que sirve esa cosa tan chica (un poco ilógico lo que acabo de decir, pero es tan incoherente como todo lo que viví allí dentro.)
En fin, seguía mirando apasionadamente esta cartera, y me llamo la atención, también la parte de afuera, con mucho brillo, un broche para cerrar que claramente no cerraba, y que tenía un mango de no mas de unos 30 cms (a estas alturas creo estar seguro que ese tamaño es suficiente y hasta casi inútil en una cartera porque nunca la toman por ahí, siempre alrededor de la mano, etc). No los aburro más con las carteras.
Al fin, salió del probador. Salimos del lugar.
Como buen amigo le decía...y este vestido?, y aquél?...a todas mis propuestas recibí un gran NO, pero luego supe una gran noticia: toda la ropa que nos gusta a los hombres son chulas (visto por una mujer claro), cosa que en un principio estuve de acuerdo, creyéndome un tipo con buen gusto, pero con el pasar de los locales de ropa terminé por convencerme que no sé nada de las mujeres...
Este entretenido paseo terminó en el segundo piso del templo (obviamente siguiendo la misma rutina anterior de mirar meticulosamente cada uno de los trapos ahí colgados), pero esta vez hubo algo más...el olor. Creo que sólo en una tienda de ropa femenina uno entra y siente perfume de frutas, en este caso frambuesa, aunque ya ni se si distinguí bien el olor, flores, aves y que cosa extraña que se pueda ocurrir que se transforme en un "rico" perfume...

Sea como sea, salí de aquel lugar mas convencido que nunca, que el mejor regalo que le haré a una mujer será una "gift card"o simplemente acompañarla y yo pagar. Porque al final, siempre que el hombre decide algo, es la mujer la que termina diciendo a donde ir, que comer y donde hacerlo.

Hombre: Amor, vamos a comer algo rico?
Mujer: me parece excelente, decide tu dónde, sorpréndeme!
Hombre: Vamos al pepes´pizza!
Mujer: hay es que ya fui ayer con mis amigas...
Hombre: te tinca entonces un helado?
Mujer: ...por qué mejor no sólo caminamos...?
Hombre: Bueno, si es lo que quieres entonces caminemos...

Fin.

Pablo.

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