Las canas en el mismo lugar, las mano izquierda sobre la derecha formando una v con los brazos. La frente alta y el ceño fruncido, los ojos grandes y las cejas levemente arqueadas, la nariz algo caída y su espalda algo cansada. Se detuvo frente a los vidrios de la camioneta cuando vio su reflejo. Había peleado tantos años con él, habían llegado a enojarse tanto y finalmente todo se explicaba. Ahora tenía todo tan claro: cada vez se parecía más a su padre.
Felipe Herrera.
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